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China lanza su primer satélite cartográfico civil de alta definición Ziyuan-3.
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Australia: ensayan un 'spray' bucal para curar la adicción a la marihuana.
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Escenas de la vida vietnamita
Escena 1: el agua
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Escena 2: las mujeres que no andan en motocicleta
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Escena 3: el inquietante sueño del Tío Ho, o qué es el comunismo vietnamita
En la ciudad, la humedad es una cosa seria. Hanoi tiene unos cuantos lagos, el principal Huan Kien, que alimentan de humedad a la atmósfera. Los pisos pintados con esa espesa mezcla de polvo y agua, los vidrios de los buses que, a pesar del frío y de la queja (siempre constante) de los turistas, se combaten con aire acondicionado.
En el cielo, sencillamente, como decía, forma un manto que se parece más a una película apocalíptica en donde se terminó el mundo que conocemos que a un simple “nublado”. En verano es la temporada de lluvias, del monzón, que azota violentamente produciendo inundaciones. En invierno este clima londinense. Me pregunto cuándo es la mejor época para venir. Halong ha quedado bajo el manto semitransparente.
El campo, que observamos durante las 10 horas de tren que llevó el trayecto Hanoi-Dong Hoi, está compuesto, en su mayoría, de parcelas de agua. En el horizonte, las extrañas montañas que vimos en Halong recubiertas de un verde tupido, en nuestro punto de vista, la carretera y las vías del ferrocarril que parecen firmes, en el medio espejos de agua, figuras geométricas de barro, un verde semi-sumergido. Apenas unos senderos de tierra firme y unos cuadrados de casas que suponemos serán de los aldeanos.
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En el tren de las diez horas, dos familias distintas. En ambos casos, los hombres dejaron sus butacas para que las esposas se tiraran a dormir más cómodamente. Las hermosas niñitas quedaron con los padres durante las diez horas que, por otro lado, no formaron parte del mundo de la vigilia de las madres. Les dieron de comer, las cambiaron, jugaron, durmieron, alimentaron. En algún momento del mediodía, una vez que la nenita se ha dormido, el hombre aparece con un plato de comida caliente. Despierta gentilmente, casi tímidamente, a su esposa. Le da el plato, le acomoda la mesita de la butaca, le prepara los palillos, la mujer comienza a comer sin decir una palabra y el hombre se retira al asiento de atrás. La mujer termina. El marido retira el plato y, mientras ella vuelve al sueño, extrañamente comienza a limpiar el piso. Nos preguntamos a qué viene tanta obsesión por la limpieza. Despliega una esterilla y se acomoda en ese mismo piso, entre los dos asientos de adelante donde duerme su mujer y los dos asientos de atrás donde duerme su pequeñita. Cómo no va a estar cómodo si han vivido en túneles donde apenas entraban sentados durante días mientras los sucios yanquis no paraban de bombardear la superficie. La tenacidad vietnamita, esa misma que hace que un hombrecillo te empuje para pasar primero en una cola, no tiene fin.
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Industria, comercio por todos lados, autos de alta gama como en cualquier capital europea, inversiones norteamericanas, chinas, koreanas. Una chica cruza la calle. Su buzo en la espalda lleva las inquietantes letras “USA”. Otra chica rema uno de los pequeños botes del Parque Nacional Phong Nha, su campera tiene las iniciales NYC. El vietnamita sólo piensa en el futuro y no en el pasado, y si el crecimiento económico supone aliarse (usar) a los yanquis, así se hace. El resultado: le pregunto al joven vietnamita que estudia en Singapur si estudian la guerra en la escuela. Me dice que sí, claro, pero que no es muy bueno, porque se enseña la versión del gobierno, la versión vietnamita, que es diferente a la que se escucha en US. ¿Dijo lo que dijo? Sí. Ay, Tío Ho, ay hombre intachable que dedicaste tu vida para un Vietnam libre, socialista y con algo más en los corazones de su gente que comprar una tablet Kindle en Estados Unidos porque te ahorrás el shipping!!!!
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Quizás haya sido mi fascinación por los animales que, hasta el momento, había disfrutado a escala doméstica o lejos de su hábitat, como en zoológicos.
También pudo haber influido el costado exótico del viaje, conocer tierras que atraían no sólo por su geografía sino por su historia y etnia.Hicimos un city tour arriba de un auto particular, el de una ciudadana de origen holandés que nació en Durban y ahora se dedicaba a pasear turistas. Ella nos llevó a todos los lugares más destacados de la ciudad, nos mostró las dos caras y le pudimos preguntar desde cómo vivió ella los cambios socio-políticos de su país hasta cuál era su comida favorita. Fue un lujo, por pocos dólares.
Camino al siguiente destino hicimos una pasadita por Pretoria, que no llamó tanto nuestra atención. De hecho nos resultó bastante indiferente, salvo por la cantidad de jacarandáes, que nos quedamos con las ganas de ver en flor. Nota mental: hay que venir en primavera, porque dicen que es imperdible, aunque nosotros nos lo perdimos.Un boxeador retirado larga el humo de su cigarrillo y mira por la ventana, como si mirara a la ciudad desde un barco en alta mar. Un empleado de banco calcula el tiempo que le queda para terminar su chivito antes de volver a la caja. El mozo parece haber olvidado algo urgente, algo que no tiene que ver con su trabajo. Y en la mesa de la esquina un turista toma unos apuntes parecidos a estos. Así transcurre esa hora confusa entre el mediodía y la tarde, en el Fun Fun, el bar más emblemático de Montevideo, donde según cuanta esa leyenda también confusa, una noche cantó Gardel.
El total de la cuenta tiene una cantidad de ceros que en cualquier otro lugar asustaría. Pago y salgo a caminar por 25 de mayo hasta Ituzaingó, para volver a la ciudad vieja o a la ciudadela que es como le dicen los montevideanos. Cuando doblo y entró a la parte más antigua de la ciudad la cosa se pone pintoresco, una gran cantidad de turistas recorre las veredas angostas sacando fotos y se escuchan muchos acentos diferentes aunque predomina el ingles y el portugués. En la plaza Constitución que vendría a ser el corazón de la ciudad vieja se juntan los “rastrillos” que son a los que en Buenos Aires les dirían “pungas”, el asunto no pasa de un pedido de cigarrillo, alguna pregunta amistosa y una moneda con destino noble. Sin embargo muchos prefieren esquivar la plaza obedeciendo a una alerta no muy razonable y creyendo que salvan sus vidas.Llegamos a Marrakech tipo 20 30. El aeropuerto en cinco minutos estaba desierto. Los pocos pasajeros que viajaban en el vuelo de Ryanair, la mayoría franceses que parece que se encuentran a gusto en un país que habla el francés casi como la lengua propia, desaparecen quién sabe dónde.
Y entonces la primera impresión conocida: llegando a los taxis, el mismo misterio de quienes uno sabe que quieren timarte pero que sin embargo ponen cara de serios. Veinte euros a la Medina, la ciudad antigua y amurallada de Marrakech. Sospechamos con razón que el precio es astronómico.El taxi, sin reloj!, nos deja en una esquina en donde comienza una peatonal repleta de gente. Nos señala y nos dice: “Tout droit”, todo derecho. Ahí nos deja, porque, por supuesto, por ahí no pasa el auto. En mi mano está la dirección de nuestro Riad, el hotel que está metido en la Medina. Error: la Medina es un laberinto de callejuelas que a veces no tienen más que dos metros de ancho, muchas veces oscuras, sin nombre; imposible de orientarse. Entrar, por ejemplo, al mercado principal de Marrakech, al Zoco, es como entrar a otro espacio, en donde uno camina y camina por pasillos, calles, en donde hay un puesto al lado del otro, dobla para un lado, para otro, y cuando cree que tiene que estar saliendo a un lugar, está en realidad en otro, y cuando cree que doblando allí tiene que estar la salida (porque ya caminó mucho y según sus cálculos por allí pasaba una calle), sigue otro pasillo más con mercaderes que ofrecen absolutamente todo y buscan hacerte entrar con todo el arte milenario bereber de vender.
Primera recomendación para el viajero: o bien tener un mapa exacto con la dirección del hotel, algo bastante difícil, o bien llegar con un transfer contratado para que la misma persona los guíe, o bien, como hicimos nosotros, apostarle a uno de los miles que se ofrecen para indicarles por algún euro.1.
Llegar a Barajas es llegar al cuarto aeropuerto más importante de Europa y al undécimo del mundo en tráfico de pasajeros. Nuestro plan, luego de ser "aceptados" por esta Europa en crisis, es salir rapida y economicamente del aeropuerto. Nada de taxis.
Varias son las estaciones de metro que salen directamente desde la terminal aeroportuaria, así que de las alturas del cielo a las profundidades de la tierra de la mano de la Línea 8 del Metro de Madrid (Nuevos Ministerios-Aeropuerto T4) Objetivo: alcanzar el punto zero de España “Puerta del Sol”. Estar atento a las combinaciones ha realizar, sabemos que si todo va bien en 40 minutos más o menos tendríamos que estar asomando nuestras cabezas de la boca de la Estación Sol.
Lo primero que vemos al poner los pies en la superficie es a un portugues durmiendo en la calle, que tiene un cartelito colgando; pide 1 euro para comer. Hace frío en Madrid.
En diciembre, enero, la ciudad se viste para celebrar las fiestas y vaya que lo hace a toda orquesta. Cada punto importante como ya es tradición en Madrid se lookea con gigantescas luces navideñas, así es como Plaza Mayor, Chueca (un soho español, muy coqueto, reconocido también por su diversidad sexual,) Puerta del Sol, y La Gran Vía, te sorprenden con un diseño de luces bien distintos.
Madrid es una ciudad que la recorres en poco tiempo. Dos días permiten apreciar el encanto de esta capital europea, que si bien no posee el encanto de una Paris, ni la fuerza de Roma, ni la belleza de Praga, esconde en sus rincones y en sus parques una lindura única. Por cierto, es muy similar en algunos tramos a Buenos Aires.
España celebra las fiestas envuelta en una crisis que golpea fuerte. El desempleo sigue creciendo, 5 millones de "parados", tiendas que cierran, muchos carteles con la leyenda "se alquila".
Se respira la crisis, se avecinan recortes y ajustes que afectarán como siempre a los que menos tienen.
Pero pareciera que los madrileños han decidido no dejar que tamaño pantano en el que están sumergidos les amargue el dulce.
Como las fiestas, aquí se viven a fondo, (la religión católica conserva una presencia bien fuerte en España) ves puestitos vendiendo figuras para decorar y armar tu Belén, también observas largas colas para comprar un billete de lotería (otro signo del bolonqui social)
En Plaza Mayor, Puerta del Sol y en el Parque del Retiro te topas con estatuas vivientes (las hay de alta calidad y otras que bue... ) también para diversión de los niños son varios los personajes que aparecen dispuestos a por unas euromonedas prestarse para una foto, así es como vemos desfilar a Hombres arañas panzones, Doras Exploradoras altísimas, Bob esponjas con los pantalones mal puestos. Un espectáculo un tanto gracioso y decadente.
Si lo que te gusta es hacer footing El Retiro es el lugar ideal, es muy bonito, se trata de un espacio de paseo y recreación cuidado y con un ambiente muy familiar.
2.
En Gran Via por la noche hay prostitución y gente en estado crítico. Claro que la avalancha humana de estos días que pasea y se adueña de la ciudad para compartir un momento, hace que no se note tanto la marginalidad que rodea a la capital del reino de españa. Porque no sé si sabian pero España tiene Reyes! joder!
Todos los desposeidos, los que duermen bajo las estrellas, los africanos que entran al bar y sólo consumen...agua, los rumanos, los marroquies, los que abandonaron su tierra, sus familias, todos ellos más unos cuantos españoles, saben que la cosa está dura, ya saben que por más que digan que Europa está bien vestida, y que el bueno del Rey se pasea preocupado por sus jardines, ya saben que aqui se ha desatado una lluvia de problemas que ponen a Europa misma al borde de una quiebra social sin precedentes.
El Rey está desnudo gritan los parados y los millones de jovenes que no encuentran empleo. Es que como sea, el crecimiento se detiene y la corrupción política se puso de moda. Así que a España hoy le toca bailar una música que creía que no iba a tener que bailar. Pero así funciona este puto mundo, hombre. Gana el que más tiene. Y si, asi es como ves marchas de indignados y afichetas pegadas en las puertas de los bancos que dicen "este banco roba y estafa a los españoles." (cualquier similitud con Argentina de hace unos años, pura coincidencia) l
3
Si queres alejarte un poco del centro El sencillo de metro vale 1 euro y te conecta entre otros muchos lugares, con la estación Ventas para apreciar La plaza de Toros si es que te cabe todo ese rollo taurino. La red subterránea y de trenes es muy buena.
Para Hospedarte hay opciones económicas como el hostal Patria en Calle Mayor situado en el centro del corazón de la ciudad, u "otros hoteles con onda más fashion" como el pratik metropol en la peatonal Montera.
De Tapas: Bien Vale la pena caminarla mucho y meterse en sus freidoras y pedirte una cerveza tirada (caña) con una tortilla de patatas y sumarle olivos y unas gambas al ajillo. Pero a un buen “picoteo” (aperitivo) no debería faltarle ni jamón ibérico, ni calamares fritos, ni unos boquerones en vinagre; en fin, hay gran variedad de tapas.
La oferta gastronómica es diversa como en toda gran ciudad, pero más allá de los restó temáticos, (onda: comida sushi, o tahilandesa, a árabe) lo mejor es meterse en esos bares no tan céntricos y comer viviendo el verdadero ambiente madridista. Con mozos gritándose y gente acodada en la barra. Si es viendo un partido de la Liga mucho mejor. Es que no hay mejor manera de conocer a las personas que viéndolas comer o mirándoles como es que se apasionan con el fútbol. Esa manera, la de observar la ciudad a traves de los actos cotidianos de la gente es la mejor manera de viajar. Meterse en el medio del ruido, aveces la mejor manera de escuchar.
Desde ya no apto para los amantes de la paz oriental.
Quizás haya sido mi fascinación por los animales que, hasta el momento, había disfrutado a escala doméstica o lejos de su hábitat, como en zoológicos.
También pudo haber influido el costado exótico del viaje, conocer tierras que atraían no sólo por su geografía sino por su historia y etnia.Hicimos un city tour arriba de un auto particular, el de una ciudadana de origen holandés que nació en Durban y ahora se dedicaba a pasear turistas. Ella nos llevó a todos los lugares más destacados de la ciudad, nos mostró las dos caras y le pudimos preguntar desde cómo vivió ella los cambios socio-políticos de su país hasta cuál era su comida favorita. Fue un lujo, por pocos dólares.
Camino al siguiente destino hicimos una pasadita por Pretoria, que no llamó tanto nuestra atención. De hecho nos resultó bastante indiferente, salvo por la cantidad de jacarandáes, que nos quedamos con las ganas de ver en flor. Nota mental: hay que venir en primavera, porque dicen que es imperdible, aunque nosotros nos lo perdimos.